
Además, para algunos -y me incluyo- la gratitud fue inculcada en el marco de la religión católica, nos enseñaron que debíamos darle gracias a Dios por la familia, la salud, la comida, el colegio, las oportunidades. Ya sea por el lado de los buenos modales o de la religión, se entendía la gratitud como algo hacia afuera, como un acto que impacta a otro o nuestra relación con ese otro; no como una práctica que impacta de manera significativa nuestra forma de ver el mundo y de relacionarnos con la vida.
Hoy en día en el campo de la psicología y las neurociencias contamos con la evidencia de que la gratitud va mucho más allá de un gesto de cortesía, hay autores que hablan de ella como una emoción o estado emocional, otros que la conciben como un estado mental y otros como una habilidad; en lo que todos coinciden es en que ésta puede practicarse y cultivarse, que transforma nuestra forma de relacionarnos con la realidad y que impacta directamente nuestro bienestar.
Practicar la gratitud implica un entrenamiento de atención y enfoque, es algo así como ajustar el lente de una cámara: nos permite ver con mayor claridad lo que hay, percatarnos de sutilezas que al estar en automático “pasamos por alto”, y elegir en qué enfocarnos. Quien practica la gratitud se entrena para encontrar en la vida cotidiana más motivos por los cuales estar agradecido.
Esto refuerza la capacidad de percibir aspectos positivos incluso en medio de dificultades; no se trata de negar el dolor ni de imponer una visión forzosamente optimista sino de ampliar la perspectiva para reconocer que, junto al dolor, la incomodidad y la dificultad, también coexisten la belleza, la alegría, el amor, entre otras cosas. No es un "pero" que minimiza el malestar, sino un "y" que lo contextualiza dentro de una realidad más amplia.
Cuando cultivamos la gratitud como un estado mental empezamos a relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos desde la suficiencia y la abundancia. Diversos estudios han concluido que las personas que practican la gratitud con regularidad experimentan mayores niveles de bienestar emocional, satisfacción con la vida y resiliencia ante la adversidad.
3 pensamientos sobre "LO QUE NO NOS ENSEÑARON DE LA GRATITUD"
Sandy Rabadan
De verdad que doy gracias a Dios que en casa me hablaron de Dios. Y es verdad gracias a esa fe, también me enseñaron a dar gracias a Dios por todo. Pero, cuando un va creciendo eso lo que era fácil hacer se vuelve difícil. I loved this, thank you.
Camila Orozzco
Este mensaje va dirigido a Marlene:
Hola! Quería contarte que cuando te comencé a seguir en Instagram, me inspiraste a agradecer todos los días las pequeñas y grandes cosas con las que Dios me bendice: por el saludo amable de un desconocido; el agua que pasa por mi cara cuando nado en la piscina, la alegría con la que me reciben mis sobrinas cada vez que las visito y por supuesto la hermosa familia en la que tuve la suerte de nacer.
Afortunadamente hace tiempo que mi ánimo ha estado de maravilla, pero si algún día decae, no dudaré en aferrarme a todo lo bueno que Dios me regala y que he registrado durante este tiempo.
De todo corazón, muchas gracias por entregar lo mejor de ti!
Un abrazo desde Santiago de Chile.
Pd. Por favor vengan a visitarnos junto a Ricardo!
Priscila Mundaca
Hola a todos y gracias por el artículo.
Estoy con Uds en el reto de los 21 días y cada día es una llama que crece y crece de agradecimientos. Entender que acercarnos día a día agradecer nos acerca también a Dios y a lo que él siempre ha querido, que seamos felices. El estar en este reto me ha ayudado agradecer hasta por las cosas más ínfimas y sentirme liviana y más tranquila. Hace que me den ganas que más personas se sientan igual, sé que este reto lo prepararon desde lo más profundo de su ser y compartirlo ha sido un regalo para quienes estamos en el desafío de Dios .