
Solemos pensar que cuando damos algo a alguien más -tangible o intangible-, el beneficio y la ayuda la recibe quien recibe, pasando por alto cómo se ve impactado el que da. Dar, contribuir, entregar, más allá de ser un acto generoso hacia otros, es un acto que genera una profunda conexión personal que proporciona sentido, pertenencia y bienestar emocional.
Con el ánimo de ayudar o aportar a otros, entregamos tiempo, conocimiento, apoyo, habilidades, recursos materiales, entre otras cosas; “Dar” se puede ver de muchas formas distintas. Lo que es cierto es que tendemos a entender el “dar” como una acción dirigida a otra persona y la realidad es que quien da también recibe un montón.
Tómate un momento para pensar -o recordar- cómo te sientes cuando compartes con alguien algo que sabes, algo que tienes, y logras presenciar y evidenciar cómo eso le ayuda a esa persona a sentirse mejor, a resolver un problema, a salir de un embrollo, a entender algo que no podía comprender, a levantarse con ánimo luego de una caída, etc. Se siente bien, ¿verdad? Experimentamos satisfacción, gratitud, nos sentimos bien con nosotros mismos.
Cuando damos a otros fortalecemos lazos y nos sentimos parte de algo más grande, aumenta el sentido de interconexión, lo cual tiene un impacto positivo en nuestra perspectiva sobre la vida y sobre el lugar que ocupamos en el mundo, alejándonos de una visión individualista y egocéntrica.
Por otro lado, contribuir genera satisfacción, gratitud y otras emociones placenteras que nutren nuestra “cuenta de ahorros emocional”, lo cual además de aumentar la sensación de bienestar, nos hace más resilientes al estrés. Además, al dar nos conectamos con objetivos y significados más profundos, lo cual hace que se encienda la brújula de nuestro WHY y nos reafirma la dirección y el sentido de nuestro camino.
Cuando contribuimos, además, nos vemos a nosotros mismos como personas capaces de dejar huella e impactar positivamente el mundo, lo cual impacta positivamente la manera en la que nos vemos a nosotros mismos, fortalece nuestra sensación de competencia y dominio y por ende, nuestra seguridad personal.